¿Democratización de la belleza y de la moda? Parte III

23 May

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Hay una idea general, y muy popularizada, de que la moda esclaviza; que aquello impuesto por la industria fashion -mujeres en apariencia perfectas (siempre delgadas, siempre a la moda, siempre bellas, siempre correctas con el aquí y ahora)- perjudica de forma notable a la ciudadana común que, atenta o no, está influenciada por las novedades del mundo de la moda (que los medios masivos de comunicación ayudan a proliferar) porque, lamentablemente para ellas mismas, no ven concordar su imagen con la impuesta. Sin embargo:

Todo un mundo separa la moda de antes de la Alta Costura, con sus modelos uniformes, y la moda plural moderna de colecciones ampliamente diversificadas. La imposición estricta de un corte ha dejado paso a la seducción del mito de la individualidad, de la originalidad, de la metamorfosis personal, del sueño de acuerdo efímero entre el Yo último y la apariencia externa. La Alta Costura ha disciplinado o uniformizado menos la moda de lo que la ha individualizado (…) La Alta Costura, organización de tendencia individualista, se opone a la estandarización, a la uniformidad de la imagen, al mimetismo de masas, favorece y glorifica la expresión de las diferencias personales (Lipovetsky, 1987).

Por su parte, Umberto Eco concuerda con el concepto de que existe una democratización de la belleza:

… el cine propone en los mismos años el modelo de mujer fatal encarnado por Greta Garbo o por Rita Hayworth, y el modelo de “la vecina de al lado” personificado por Claudette Colbert o por Doris Gay. Presenta como héroe del Oeste al fornido y sumamente viril John Wayne y al blanco y vagamente femenino Dustin Hoffman. Son contemporáneos Gary Cooper y Fred Astaire y el flaco Fred baila con el rotundo Gene Kelly. La moda ofrece trajes femeninos suntuosos como los que vemos desfilar en Roberta, y al mismo tiempo los modelos andróginos de Coco Chanel. Los medios de comunicación de masas son totalmente democráticos, ofrecen un modelo de belleza tanto para aquella a quien la naturaleza ha dotado ya de gracia aristocrática como para la proletaria de formas opulentas (…) para el que no posee la belleza masculina y refinada de Richard Gere, existe la fascinación delicada de Al Pacino y la simpatía proletaria de Robert De Niro (Eco, 2005).

Por lo tanto, afirma este autor, los medios de comunicación de masas no presentan un modelo unificado, un único ideal de belleza, sino que proponen “una iconografía decimonónica, el realismo fabuloso, la exuberancia de Mae West y la gracia anoréxica de las últimas modelos, la belleza negra de Naomi Campbell y la nórdica Claudia Schiffer…”. Y considera, por último, que es muy difícil distinguir el ideal estético difundido por los medios del siglo XX en adelante; habrá que rendirse, remarca, “a la orgía de la tolerancia, al sincretismo total, al absoluto e imparable politeísmo de la belleza”. Hasta los años ochenta, la moda –tanto de ropa como musical-, remarca Nicolas Bourriaud, tenía tiempo de desarrollarse antes de darle paso a otra, muy distinta de la anterior; pero, las tendencias de hoy “conforman una especie de movimiento continuo, de poca amplitud, cuyos contenidos ya no corresponden a opciones comportamentales o existenciales, tal como fue para las grandes corrientes de la cultura pop de los últimos cincuenta años del siglo XX”. En la actualidad, recalca, una tendencia coexiste con la otra, por lo que las combinaciones culturales son “combinables y apilables”; nada resalta, porque en realidad no se está comprometido con nada.

Es así que, según este autor, “en un universo posmoderno todo vale. Pero en un universo radicante, los principios se mezclan y se multiplican por combinatorias: ya no hay sustracción sino multiplicaciones incesantes”. ¿No es esto lo que ha hecho Nicola Costantino con estas dos obras? Multiplicó parte de sí misma en jabones y creó una colección en la que la repetición de color y textura imperan, siendo una piel infinita la que perdura. Pero a su vez, ideó dos producciones artísticas relacionadas al mundo del lujo, un universo que, como explica Bourriaud, ha cambiado a principios de la década del noventa, cuando el marketing masivo -apoyado por internet en sus inicios- “se lanzó a una estrategia de individualización del producto, desmaterializando lo más posible el gesto de compra”. Entonces, continúa este autor, en los negocios de lujo se minimizó la cantidad de objetos, una manera inteligente del marketing de negar la existencia de la cantidad y así crear “la ilusión de la rareza”. Ilusión que Nicola potenció en cada uno de estos trabajos. Ilusión que el arte, la moda y la belleza exponen con máxima intención.


Parte I

Parte II

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