Pensar (desear) la moda

18 Jul

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Me gusta, no me gusta. Me lo compro. No, no puedo. Muy caro. Me encanta; sí, lo quiero tener, ¡ya! Frente a las vidrieras los ojos no pueden más de deseo. Ni hablar frente a la pantalla de la computadora, a través de los blogs de moda, las revistas especializadas o desde las propias web de diseñadores de todo el mundo. El corazón se acelera. Quiere más, una vez más. Así funciona el negocio. Todo el tiempo nos están tentando, desde las vidrieras, desde los medios. El deseo impera, se vende, se compra o sigue latente hasta ser suplido. El deseo no se agota; no se gasta, como el dinero. Va en aumento, entra en meseta: nunca llega a su fin. Dicen que una persona quiere morir porque se acabó su posibilidad de desear. Entonces, bienvenido deseo. Desear es amar la vida. ¿Desear las novedades de la moda es alabar a la existencia? Si pienso la moda, nunca me alcanza. Nunca es demasiado. Nunca se agotan mis ganas de más. La moda supera la necesidad. Ya no es necesario tener tal o cual prenda. El vestido que debe cubrir mi cuerpo, además lo viste y le da identidad. ¿Cuál es mi identidad? ¿Cada día alguien distinto o siempre la misma? ¿Quién soy? Sí, es una pregunta que no puedo responder. ¿Puedes responder?

Dice Nicolas Bourriaud –curador y crítico de arte francés- que uno no es lo que lleva puesto. En una época en que una tendencia no le da a lugar a desarrollarse a la nueva y se interpone a la anterior cual capas de una cebolla, ¿cómo decir quién sos? El arte se lo pregunta. No, es la filosofía la que traduce al artista y abre la incógnita que deberá responder ¿quién soy en realidad? Cuando en el mundo del arte todo puede ser catalogado como tal -cualquier cosa puede ser arte (afirma Arthur Danto)-, la pregunta ¿por qué soy una obra? se apodera del artista. Pero también se apodera de cada uno de nosotros, los sujetos contemporáneos, quienes estamos en una búsqueda despiadada por la propia identidad. Nos buscamos una y otra vez. Religiosos o espirituales, buscamos más allá de nosotros. Leemos autoayuda. Queremos saber, queremos conocernos. En ese querer saber quién soy, la ropa es una (relevante) manera de hablar sin decir palabra. Es con la que traducimos lo que sentimos o pensamos, de forma consciente o inconsciente.

La alta costura, por su parte, ha psicologizado a la moda, afirma Gilles Lipovetsky. ¡Y cuánta razón tiene! Más allá que desde tal editorial o campaña fashion, la modelo aparece cargada de emoción y con ciertos rasgos de personalidad -divertida, sexy, sensual, sofisticada, desenvuelta, etc.-, uno esto lo puede comprobar fácilmente desde uno mismo en lo cotidiano. No es necesario ser modelo, como tampoco vestir ropa de diseñador o de las firmas más importantes. Basta con prestar atención a lo que sucede con el vestir diario. Para ir a trabajar, para estar en casa o para una fiesta, la ropa que usamos nos predispone de tal manera que podemos sentirnos desde la mujer más vulgar hasta la reina de la noche. Y esto, muchas veces, más allá del estado interior (el cual ayuda y mucho); pero, en ocasiones, es la sabia elección de la ropa a usar lo que nos puede levantar hasta el peor de los ánimos.

Dos programas televisivos británicos (Trinny&Susannah y Gok´s fashion roadshow) bien entendieron el concepto explicado por Lipovetsky. Ambos buscan que la mujer común, más allá de su cuerpo y su estatus social, sepa cómo vestir para dar la mejor imagen de sí misma. Desde aprender a elegir el corpiño -algo que, según Trinny y Susannah, pocas mujeres saben elegir-, hasta adoptar los looks propuestos desde las pasarelas más influyentes, pero sin gastar tanto dinero, es alguna de las propuestas de Gok Wan. De esta manera, en este pensar la moda, hay una búsqueda infinita del propio estilo, con el cual –a su vez- queremos traducir nuestra identidad. Difícil tarea que puede llevar la vida. Algunos siquiera serán conscientes de esta búsqueda de identidad. Y puede que realmente no la estén llevando a cabo. Pero otros millares de personas, día a día, con su forma de vestir quieren decirles a los demás quiénes son. Una traducción que no sabe de fronteras, que va más allá de los idiomas; es una traducción globalizadora que sabe leer más allá de lo que estén diciendo desde el lenguaje hablado.

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