La búsqueda de la belleza ideal: ¿abandonada por el arte, asumida por la moda?

15 Oct

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La belleza es una de las máximas buscadas por el arte y por la moda. No obstante, ¿ambos campos buscan el mismo tipo de belleza? Para ello, resulta necesario definir el concepto de belleza, el cual, según Herbert Read, resulta de una limitada significación histórica y nace en la antigua Grecia, fruto de una especial filosofía de vida, “de esencia antropomórfica” que “exaltaba todos los valores humanos y veía en los dioses solo hombres magníficos. El arte, como la religión, era una idealización de la naturaleza, y en especial del hombre como culminación del proceso de la naturaleza”. A esto, el autor suma la confusión que hay acerca de que lo bello es arte o de que todo arte es bello, suponiendo que la fealdad es “la negación del arte”. Concluye con la idea de que el arte ha sido, y es con frecuencia, algo sin belleza.

Se puede afirmar que el concepto de belleza se modifica de una época a la otra, de una cultura a la otra; por ello, Read considera “el sentido de lo bello como un fenómeno variable, con manifestaciones inciertas, y a menudo engañosas, en el curso de la historia”. Esto concierne al arte y también a la moda, la cual –hasta comienzos del siglo XX- buscaba la belleza en la vestimenta, las joyas, la calidad de las telas o tejidos. En el período de entreguerras del siglo pasado, comenzó a tener en cuenta la belleza del cuerpo femenino. Claro que siguió imperando la preciosidad de la vestimenta –desde el material con la que está realizada hasta las nuevas formas que ha ido adoptando a través de los años- y de los complementos -como zapatos, carteras y joyas-; pero, siendo primordial el cuerpo que porta todo ese bagaje fashion. Ese cuerpo, adoptado por modelos, ha adquirido una única forma, la delgadez (que ha ido trasmutando hasta llegar a la delgadez extrema de la actualidad). Y son las y los modelos quienes cobran protagonismo en la búsqueda, por parte de la moda, de la belleza ideal.

Para Immanuel Kant, hay dos especies de belleza: “La belleza libre y la simple belleza adherente. La primera no supone un concepto de lo que debe ser el objeto, pero la segunda supone tal concepto, y la perfección del objeto en su relación con este concepto. Aquella es la belleza (existente por sí misma) de tal o cual cosa; esta, suponiendo un concepto (siendo condicional), se atribuye a los objetos que se hallan sometidos al concepto de un fin particular”. Para poder comprender mejor esta idea, el autor da el ejemplo de que “las flores son las bellezas libres de la naturaleza” y que, solo siendo botánicos, no sabemos exactamente qué es un flor; por lo que su “su juicio no tiene, por principio, ninguna especie de perfección, ninguna finalidad interna a la cual pueda referirse la unión de los diversos elementos (….).no se refieren a un objeto (…) sino a bellezas libres que agradan por sí mismas”. En cambio, aclara, “la belleza de un hombre (y en la misma especie, la de una mujer, la de un niño), la belleza de un caballo, de un edificio (…) suponen un concepto de un fin que determina lo que debe ser una cosa, y, por consiguiente, un concepto de su perfección; esta no es más que una belleza adherente”. Por otro lado, Kant afirma que “no puede haber regla objetiva del gusto que determine por medio de conceptos lo que es bello; porque todo juicio derivado de esta fuente es estético, es decir, que tiene un principio determinante en el sentimiento del sujeto, y no en el concepto de un objeto”.

Siguiendo esta línea de pensamiento kantiano, tanto el arte como la moda suponen que la contemplación del objeto influya sobre el sentimiento del individuo para establecer, a través de un juicio del gusto estético, un concepto de belleza. ¿Acaso al observar una pintura, una escultura o bien una instalación, no son las sensaciones producidas las que generan un juicio por parte de quien ve, más allá de lo dicho por los otros discursos? ¿Y qué pasa con los desfiles o las fotografías de moda? Exactamente lo mismo: son los sentimientos producidos al ver los que generan que se establezca un juicio del gusto estético; dejando de lado que, desde esos discursos, se esté estableciendo lo que debe ser bello. En conclusión, arte y moda, según Kant, contienen una belleza adherente. Porque, según afirma, para decidir si una cosa es bella o no lo es, “no referimos la transformación a un objeto por medio del entendimiento, sino al sujeto y al sentimiento de placer o de pena por medio de la imaginación”. Por lo tanto, el juicio del gusto no es un juicio de conocimiento, sino estético; “el principio que lo determina es puramente subjetivo”.

Es así que se puede asegurar, a diferencia del pensamiento colectivo global, que la moda, a diferencia del arte, busca democratizar la belleza. Para comprender esto, vale el análisis realizado por Umberto Eco, quien también destaca dos tipos de belleza: la belleza de la provocación y la belleza del consumo, las cuales se han desarrollado durante la primera mitad del siglo XX, y a lo sumo los años sesenta de ese siglo, cuando se dio “el escenario de una lucha dramática” entre ambas. La belleza de la provocación es la propuesta por los distintos movimientos vanguardistas: futurismo, cubismo, expresionismo, surrealismo, etc. En cambio, la belleza del consumo es la propuesta por los medios de comunicación de masas. Dos tipos de belleza que no se pueden separar; están íntimamente enlazadas y, como sostiene este autor, generan una fuerte contradicción: “la contradicción típica del siglo XX”: “Los que acuden a visitar una exposición de arte de vanguardia, compran una escultura ´incomprensible´ o participan de un happening, van vestidos y peinados según los cánones de la moda, llevan vaqueros o ropa de marca, se maquillan según el modelo de belleza propuesto por las revistas de moda, por el cine, por la televisión, es decir, por los medios de comunicación de masas. Siguen los ideales de belleza del mundo del consumo comercial, contra el que el arte de las vanguardias ha luchado durante más de cincuenta años”.

Uno de los autores que sostiene lo de la democratización de la belleza en el mundo de la moda, es Gilles Lipovetsky: “… Todo un mundo separa la moda de antes de la Alta Costura, con sus modelos uniformes, y la moda plural moderna de colecciones ampliamente diversificadas. La imposición estricta de un corte ha dejado paso a la seducción del mito de la individualidad, de la originalidad, de la metamorfosis personal, del sueño de acuerdo efímero entre el Yo último y la apariencia externa. La Alta Costura ha disciplinado o uniformizado menos la moda de lo que la ha individualizado (…) La Alta Costura, organización de tendencia individualista, se opone a la estandarización, a la uniformidad de la imagen, al mimetismo de masas, favorece y glorifica la expresión de las diferencias personales”. Eco agrega: “… El cine propone en los mismos años el modelo de mujer fatal encarnado por Greta Garbo o por Rita Hayworth, y el modelo de ´la vecina de al lado´ personificado por Claudette Colbert o por Doris Gay. Presenta como héroe del Oeste al fornido y sumamente viril John Wayne y al blanco y vagamente femenino Dustin Hoffman (…) La moda ofrece trajes femeninos suntuosos como los que vemos desfilar en Roberta, y al mismo tiempo los modelos andróginos de Coco Chanel. Los medios de comunicación de masas son totalmente democráticos, ofrecen un modelo de belleza tanto para aquella a quien la naturaleza ha dotado ya de gracia aristocrática como para la proletaria de formas opulentas (…) para el que no posee la belleza masculina y refinada de Richard Gere, existe la fascinación delicada de Al Pacino y la simpatía proletaria de Robert De Niro”.

Por lo tanto, afirma este autor, los medios de comunicación de masas no presentan un modelo unificado, un único ideal de belleza, sino que proponen “una iconografía decimonónica, el realismo fabuloso, la exuberancia de Mae West y la gracia anoréxica de las últimas modelos, la belleza negra de Naomi Campbell y la nórdica Claudia Schiffer…”. Y considera, por último, que es muy difícil distinguir el ideal estético difundido por los medios del siglo XX en adelante; habrá que rendirse, remarca, “a la orgía de la tolerancia, al sincretismo total, al absoluto e imparable politeísmo de la belleza”.

Cuando Kant habla del ideal de lo bello, dice que se trata de un ideal de la imaginación, ya que “no descansa sobre conceptos, sino sobre la exhibición; y la facultad de la exhibición no es más que una imaginación”. Y explica que la belleza a la que se le debe buscar un ideal, no puede ser “la belleza vaga sino la que es determinada por el concepto de una finalidad objetiva; esta (…) debe ser por consecuencia (…) un juicio del gusto en parte intelectual”. Por lo que concluye que solo el hombre es capaz de un ideal de belleza, entre los demás seres del mundo, debido a que: “el que halla en sí mismo el objeto de su existencia; el que por medio de la razón se puede determinar sus propios fines, o que cuando debe sacarlos de la percepción exterior, puede sin embargo, ponerlos de acuerdo con sus fines esenciales y generales, y juzgar estéticamente esta armonía”.

Por cierto, la moda ¿no busca el ideal de lo bello en cada una de sus manifestaciones? En cada propuesta, un diseñador, con la elección de un modelo que sea “la imagen” de su concepto fashion, está ejemplificando su “ideal de belleza”. Y ese ideal de lo bello es remarcado, desde que la moda es una industria, en los cuerpos delgados. Puede verse primero la vestimenta, los complementos, incluidos maquillaje y peinado, pero debajo de todo eso hay un cuerpo flaco.

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