Nicola, Costantino y su otro yo

18 Oct

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“La vida es real solo cuando yo soy”, George Gurdjieff

Nicola Costantino está diseminando su arte por el mundo. Deja huellas por donde pasa y su multiplicación es inevitable. Entre el 5 de marzo y el 15 de mayo de 2011, presentó su Exposición monográfica en el nuevo centro de exposiciones Hubertus Exhibitions, en Zurich (Suiza), a través de la invitación hecha a Daros Latinamerica Collection, organización que la representa (al igual que a otros artistas latinoamericanos). En esta exhibición individual, la artista hizo un recorrido por gran parte de su obra: desde sus trabajos con animales –como su Trilogía de bocas-, con silicona para simular la piel humana y crear una colección de moda –en Peletería humana-, hasta con su propia imagen e incluso su cuerpo –en Savon de corps, la serie Fotografía y Trailer-. En esta última instalación se suma la técnica del vaciado para crear a su doble -Nicola artefacta-, el cual es plasmado en imágenes de video y fotográficas.

Con una trayectoria de poco más de veinte años, Costantino nunca pasó desadvertida y logró hacerse de su espacio tanto a nivel local –expuso en los museos más importantes, como el de Arte Moderno, Museo Nacional de Bellas Artes o el MALBA-, como en destacados circuitos artísticos internacionales, entre ellos: el MOMA de Nueva York, el MOCA de Los Ángeles, la Art Gallery, NSW, Sydney (Australia) o Danae Art, International Inc. (Suiza). En sus inicios levantó polvareda cuando se ocupó de lo “chancho”; sí, del animal, con el cual hizo referencia a lo que se genera en rededor de él: por ejemplo, en gastronomía, este se presenta en la mesa entero y, en lugar de dar asco, es devorado. Pero también con esa concepción que lo acerca a lo sucio al compararlo con el sexo: al hacer el amor, en esta cultura, se lo considera una chanchada (idea remarcada por la artista).

Con su primera performance, Cochon sur canapé, manifestó el ritual que hay alrededor de la comida; los chanchos dispuestos se podían comer. Su primera versión fue realizada, en 1993, en el Museo Juan B. Castagnino de Rosario, adonde fue invitada por el director, con la negativa de la Asociación de amigos del museo. El acto casi fue suspendido, debido a que se recibieron llamadas de amenazas; pero solo se pospuso unas horas. Estas fueron sus palabras respecto de esta obra: “Yo lo hago para mí, no me importa si el otro lo aprecia, hago lo que amo. Junto al placer de comer, el rito del banquete comunitario tiene algo de macabro, hay un espíritu festivo alrededor de un cadáver”. Y así, su regodeo con la muerte empezó a ser una constante.

Animales muertos se convirtieron en protagonistas de varias de sus obras –como, Chanchobolas (1998), Frisos (1999), Animal Motion Planet (2004), Esculturas animales (de 1992 a 1999) y Cajas (2000-2005)- a los cuales exhibió embalsamados, envasados o calcados. Para ello, estudió taxidermia, en el Museo de Ciencias Naturales de Rosario, donde aprendió el uso del formol, el alcohol y la glicerina; producto de esa experiencia, perdió el miedo y nunca más le tuvo asco a nada, aseguró Nicola. También estudió la técnica del poliuretano expandido y la de resina poliéster. De todas formas, su formación es en bellas artes, con especialización en escultura, carrera que realizó en Rosario, su ciudad natal.

No obstante, todo comenzó en su mente. Siempre hay un claro de luz en la vida de todo ser humano, un instante en que el camino se revela (aunque una vez en él este se vuelva nublado y despejado en una constante infinita); en Costantino fue a sus quince años, aún sin ser artista, cuando le regalaron el libro Pintores Argentinos del Siglo XX, en el cual conoció La mujer del sweater rojo, de Antonio Berni. “Cuando vi ese cuadro pensé: yo quiero hacer lo que hace este señor”, contó posteriormente, sin saber que casi tres décadas después lo reproduciría, en la serie Fotografía, siendo ella la mujer protagonista de la imagen.

Recién cuando terminó el secundario se introdujo en el mundo del arte, al empezar a estudiar en la universidad; y así, paso a paso, se fue transformando en una de las artistas argentinas más cuestionadas -al conjugar en sus creaciones vida y muerte, refinamiento y grotesco-, pero también de las más talentosas: sabe trabajar con varios lenguajes artísticos y misturarlos con virtuosismo -artes plásticas, fotografía, video, diseño de moda, etc.-. Con todos ellos confluye en obras de excelsa calidad visual. Nicola (que en realidad se llama Silvana, pero jamás se sintió como tal) consigue pasar del concepto al hecho; no se queda solo en ideas, sino que las plasma en reales concreciones, en las que los detalles están cuidados al extremo.

Una de las labores con la cual tuvo una gran aceptación y así pudo acceder a la escena artística mundial, fue Peletería humana, de 1996. Dos años más tarde, se convirtió en la artista representante de Argentina en la Bienal de San Pablo (Brasil) –cuyo tema fue: “antropofagia y canibalismo”- que le abrió las puertas para otras bienales y exhibiciones por el globo. Se trató de una vidriera con veinte maniquíes que portaban vestidos realizados con silicona simulando la piel humana -algunos tenían terminaciones en el cuello de pelo natural-, también carteras y zapatos, y hasta pelotas de fútbol (todas piezas con estampados de ciertas partes del cuerpo: ombligo, ano y tetilla masculina). Para el año 2000, el MOMA aceptó para su colección el corsé de tetillas masculina. Su labor con silicona comenzó a mediados de la década del noventa, cuando después de su paso por el taller de Barracas, en Buenos Aires, se fue a Houston para un año de programa de artistas -de Core Program-, donde empezó la producción de piel con este material. De adolescente trabajó con su madre en su fábrica de ropa, por lo que el dominio de la técnica del diseño lo supo despuntar aquí, donde se percibe su notable manejo del couture.

Sin embargo, fue con Savon de corps, de 2004, instalación basada en cien jabones hechos con grasa de su cuerpo –producto de una liposucción- con la que más revuelo generó y con la cual inauguró una nueva forma de trabajo: ser protagonista absoluta de su arte. No solo llamó la atención, también incomodó a más de uno. En 2006, se adentró en el mundo de la fotografía desde donde afianzó el sentido de sus producciones en su propia imagen. Para ello, se sumergió en la historia del arte y de esta misma disciplina para apropiarse de imágenes y brindar nuevos sentidos; supo inmiscuirse en el pasado para recrearlo con cuidado perfeccionismo y con cierto grado de fidelidad. En resumen: un trabajo distinguido.

 

Hoy es Trailer, de sus más recientes obras, la que se destaca sobremanera. Con ella, Costantino va más allá de sí misma como materia significante para duplicarse. Sí, redobla la apuesta y, literalmente, Nicola hace a Nicola. En esta producción confluyen varios lenguajes que con maestría supo congeniar: el video (el cual, con tono de suspenso, muestra a la artista actuando), la fotografía, las artes plásticas (la creación de su autómata requiere de una labor escultórica, incluso de tareas dignas de la tanatoestética: la práctica de conservación y embalsamiento de cadáveres) y hasta el diseño de moda –se ve a la artista cosiendo la ropa de su doble-. Esta instalación, presentada en 2010 en Fundación YPF, hace referencia a dos acepciones del término trailer: avances de un filme y vehículos que se usan en pleno rodaje de un largometraje. Por ello, contó con cinco trailers; cada uno ofrecía distintos escenarios: el taller de la artista, uno de diseño de moda, la habitación de su bebé –la artista, enterada de su embarazo, decide dar vida por dos-, otro en el que está diseminado el principal personaje de la obra y un quinto en donde se proyectaba Trailer. Además, con los carteles de la –supuesta- película que tiene el mismo nombre que la producción en su conjunto.

Puede ser considerado como un narcisismo exacerbado, un ego elevado hacia los cielos o, simplemente, como la compresión de que nadie mejor que ella misma para ser la materia prima de sus obras. Sumergirse en cuerpo y alma para significar de sí misma a su antojo. Como bien explicó la filosofía -dentro del marco de un dilema infinito acerca de qué es arte-: cualquier cosa puede ser una obra de arte. Incluso dejó abierta la pregunta ¿por qué yo (el hombre) soy una obra? Por lo pronto, este cuestionamiento permitió que los artistas se liberen del pasado para crear según su propio deseo. Algo posible dentro de la contemporaneidad o poshistoria, como la llamó Arthur Danto en Después del fin del arte, un período fértil para semejante desmadre o reacomodamiento. Nicola, bien abocada a las nuevas tendencias artísticas que siempre están buscando extender los límites, se apoderó de su imagen, incluso de su cuerpo, para ponerlo al servicio de su labor. En definitiva, supo sobresalir tanto por la mirada bestial que hace de la realidad en la que está sumergido el hombre contemporáneo quien, obsesionado por el consumismo, se destruye a sí mismo (situación que ella considera “nuevo fascismo”, la cual reduce al ser a nivel de objeto), como por el virtuosismo con el plasma lo que quiere contar.

No solo del espanto se nutre, también se introduce en el mundo, por excelencia femenino, de la moda y la belleza. En el nuevo video instalación, Vanity con tocador (2011), Nicola se peina y despeina, se maquilla y desmaquilla en un eterno retorno que nunca vuelve al comienzo tal cual. Con ese infinito ritual, deja demostrado que no cierra etapas, sino que las va añadiendo a sus nuevas creaciones (en Trailer, por ejemplo, se pueden ver varias de sus obras pasadas; incluso, en su reciente exposición, suma un conjunto de sus trabajos). Como en esta instalación, Costantino maquilla una realidad, entre irónica y ácida, y se la muestra al espectador para hacerlo pensar y quizá poder encontrar el retorno a sí mismo.

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