Los blogs de moda como creadores de modelos estéticos (Parte II)

22 Ago

La experiencia estética construida por los blogs

Visitar The Sartorialist, es como levitar por las calles del mundo, con la posibilidad de ver –sin ser vistos- todas las tendencias preponderantes; incluso, con la opción de hacer hincapié en aquellas personas que más nos agradan, ya sea por su belleza peculiar como por su forma de vestir. Este blog es realmente una infinita ventana al mundo. Hombres y mujeres, de todas las edades y distintas procedencias, son retratados con la primordial idea de captar su estilo personal. Como el propio Schuman lo explica: “Yo no salgo a la calle para cazar moda, marcas o creadores de zapatos. No me interesan los detalles, tan sólo intento hacer buenas fotografías de personas que, de alguna manera, me parecen interesantes. Lo que visten no es el asunto principal, y al final lo que veo en mi blog son imágenes de personas”. Ámsterdam, Milán, Florencia, New York, Los Ángeles, Londres, París, Madrid, Barcelona, entre otras ciudades, son los escenarios donde Scott busca esas personas interesantes. Es que, como dice en su propio blog, comenzó con este sitio con “la  idea de crear un diálogo de dos vías sobre el mundo de la moda y su relación con la vida diaria”. Y aquí reside su principal éxito: haber acercado los hábitos de la gente al vestir y, de esta manera, haber propuesto una estética diferente. A diferencia de las revistas de moda, que solo muestran las últimas tendencias de las pasarelas más importantes (New York, Londres, Milán, París, San Pablo, etc.), las campañas de las firmas más influyentes y las editoriales propias, en donde las protagonistas son las modelos, actrices, it girls y estrellas del espectáculo, este blog sube a diario los estilos más diversos, en los que prevalece el gusto personal de los sujetos más diversos. Se ven primeros planos de canas, arrugas –además de la siempre protagonista lozanía-, barbas eternas; asimismo, más allá de las poses frente a cámara, se ven tomas naturales, ya sea de espalda, saltando un charco de agua o una acera, caminando o sentado leyendo, etc. En The Sartorialist, además, se pueden contemplar imágenes en primer plano de las pasarelas de moda masculina y femenina, fotos vintage e, incluso, algún video. En el margen derecho, aparece un link que dice “Instagram” (nombre de una aplicación gratuita para compartir fotos –en las distintas redes sociales y teléfonos inteligentes-, las cuales pueden ser retocadas con distintos filtros, marcos y colores retro y vintage), donde sube instantáneas en las que, a veces, aparece él, su mujer (Garancé Doré), paisajes y otras fotos de su cotidianeidad. Schuman ha explicado que la mayoría de la gente que él retrata no la conoce y, sabe, no volverá a ver. Entonces, es en el instante en que la ve cuando pacta hacer “unas tomas”. Y todos, pareciera, caen rendidos ante su cámara. ¿Quién no quiere ser protagonista, aunque sea, por un momento? Ya lo explicó Susan Sontag: fotografiar es otorgar importancia. “En los palacios de la cultura predemocrática, quien se fotografía es una celebridad. En los campos abiertos de la experiencia estadounidense (…) cada cual es una celebridad. No hay momento más importante que cualquier otro; no hay persona más interesante que otras” (Sontag, 1975, p. 49). Esto se refleja de forma tácita en este blog: cada día es publicada una, o más, fotografía de algún sujeto; y la que ayer aparecía en primer lugar, ahora queda debajo. De esta manera, una identidad suplanta a la otra. Este blog, a su vez, es un fiel reflejo de lo que sucede a nivel mundial con el sujeto de la contemporaneidad; o, como lo llama Nicolas Bourriaud, con el ser radicante. Este concepto significa, “poner en escena, poner en marcha las propias raíces en contextos y formatos heterogéneos, negarles la virtud de definir completamente nuestra identidad, traducir las ideas, transcodificar las imágenes, trasplantar los comportamientos, intercambiar en vez de imponer” (Bourriaud, 2009, p. 22). Esta última línea define lo que sucede con este espacio web: los estilos se intercambian, no se impone uno por sobre otro.

Otra cualidad a destacar de este blog, es que las fotografías son vírgenes de arreglos de photoshop, como sí lo tienen las revistas especializadas, las cuales han hecho abuso de esta herramienta. Es que aquí el objetivo no es mostrar la perfección corporal o de la vestimenta; sino, la manera personal de llevar la ropa que se tiene puesta en ese instante en que se cruzan con el fotógrafo. Las imágenes se ven naturales; en ellas no hay fantasía, sino realidad. “Que las fotografías sean a menudo elogiadas por su veracidad, su honradez, indica que la mayor parte de las fotografías, desde luego, no son veraces. Un decenio después de que el proceso de negativo y positivo de Fox Talbot comenzara a reemplazar al daguerrotipo (el primer proceso fotográfico factible) a mediados del decenio de 1840, un fotógrafo alemán inventó la primera técnica para retocar el negativo. (…) La noticia de que la cámara podía mentir popularizó mucho más el afán de fotografiarse. Las consecuencias de la mentira deben ser más centrales para la fotografía de lo que nunca serán para la pintura, pues las imágenes planas y en general rectangulares de las fotografías ostentan una pretensión de verdad que jamás podrían reclamar las pinturas. Una pintura fraudulenta (cuya atribución es falsa) falsifica la historia del arte. Una fotografía fraudulenta (que ha sido retocada o adulterada, o cuyo pie es falso) falsifica la realidad”. (Sontag, 2007, p. 126-127). Mientras las revistas de moda intensifican la fantasía, con mujeres y situaciones irreales (como explica Roland Barthes, la Moda sumerge a la mujer a la cual le habla en un estado de inocencia, donde “todo está bien en el mejor de los mundos”), este blog se limita a retratar, con la mayor fidelidad posible, la realidad de ese instante: se muestra si la persona quiere o no sonreír, si está o no peinada, maquillada, con o sin barba; en sí, mostrar tal como salió a la calle ese día. Lo que recuerda esto, es que la gente retratada por Schuman –él mismo aclaró que no conoce a la mayoría- no sabe que ese día va a protagonizar una foto para uno de los blogs más populares del mundo. Así, queda más afianzada la esencia de este sitio: mostrar la naturalidad de la gente en la calle, perpetuar el estilo de cada quien con mínimas indicaciones, pero para poder reflejar esa distinción que llamó la atención de Schuman. “La necesidad de confirmar la realidad y dilatar la experiencia mediante fotografías es un consumismo estético al que hoy todos son adictos. Las sociedades industriales transforman a sus ciudadanos en yonquis a las imágenes; es la forma más irresistible de contaminación mental. (…) No sería erróneo hablar de una compulsión a fotografiar: a transformar la experiencia misma en una manera de ver. En lo fundamental, tener una experiencia se transforma en algo idéntico a fotografiarla, y la participación en un acontecimiento público equivale cada vez más a mirarlo en forma de fotografía. El más lógico de los estetas del siglo XIX, Mallarmé, afirmó que en el mundo todo existe para culminar en un libro. Hoy todo existe para culminar en una fotografía”. (Sontag, 2007, p. 43-44).

 

En The Sartorialist, lo que culmina en una fotografía es el estilo de cada sujeto. Y para el estilo no importa la edad o el lugar de origen; tampoco estar dentro de los cánones de belleza establecidos socialmente. Entonces, la moda ya no es cosa de modelos o estrellas del espectáculo, quienes han sido –aunque lo siguen siendo- las que muestran las tendencias. Ahora, la gente común está a merced de que su look sea fuente de inspiración para otras personas tan comunes como ella. Por otra parte, hay que recalcar que el boom de los blogs de moda y su inminente éxito en los nuevos consumidores, hizo que las revistas de moda hayan modificado su modo de llegar a sus lectoras, ya sea al sumar un nuevo dispositivo, la web –la revista tiene, además de su publicación en papel, la edición digital que tiene su propio contenido-, como al modificar su modo de enunciar –sobre todo en la web-, el cual se volvió más jovial, más sencillo y, a su vez, más breve. Por ejemplo, Vogue, Elle, Harper Baazar, Glamour, entre muchas otras, tienen su sitio web y dentro de ellos sus propios blogs que tratan sobre distintas temáticas relacionadas a la moda y la belleza; además, publican la sección Street style, donde suben fotografías de los estilos más diversos de la gente en la calle -principalmente, de mujeres jóvenes-. Así como cada revista de moda, enunciativamente, es diferente, también esto sucede con los blogs. En lo que concuerdan, es cada uno de ellos propone un estilo de enunciatario, con un peculiar estilo de vida. En definitiva, no solo se proponen mostrar la moda, sino toda una estética personal, un estilo de vida, que es en realidad a lo que están apuntando las marcas más influyentes. Fue el creador André Courreges quien empezó a usar el término estilo de vida en vez de moda; esto tuvo que ver con que a partir de la aparición del pret-a-porter y el estilismo, a los nuevos actores sociales les empezó a importar, más que demostrar su lugar en la sociedad, su belleza, juventud y seducción “de manera acelerada y cambiante”, señala Saulquin. “A las personas ya no les interesa la posesión del vestido único que las haga únicas, ya que, en la cultura liderada por los medios audiovisuales, las diferencias sociales y la distinción simbólica se establecen más por los estilos de vida que por la posesión de determinados bienes. De allí que las publicidades, en confabulación con esta tendencia, ni siquiera se molestan en presentar el producto o calificarlo para incitar al consumo. Simplemente muestran la marca y su correspondiente estilo de vida…” (Saulquin, 2010, p. 100). Es que, como señala Gilles Lipovetsky, la aparición de la moda constituye más “un signo del progreso de disfrute estético” que del posicionamiento económico y/o social.

Pero ¿a qué se refiere con disfrute estético? Para ello, es preciso adentrarnos en la estética, disciplina nacida en el siglo XVIII, la cual refiere a “los saberes difusos o estelares sobre la belleza, el arte o las manifestaciones del mismo (…) La fundación de la Estética, en cuanto disciplina autónoma, se perfila como uno de los vectores más peculiares de la aportación filosófica. Su vertebración desborda la reflexión abstracta sobre una capacidad del hombre: la conducta estética…”. (Marchán Fiz, 2000, p. 11-13). En resumen, el nacimiento de la estética se da entre dos guías reconocidas por el hombre ilustrado: la Razón y la experiencia, las cuales no precisan de justificaciones externas. Es así que “la sensibilidad, la excitación de los sentimientos, el tocar el corazón, atribuidos a lo estético, tienen que armonizarse, aunque no siempre ocurra así, con la razón (…) queda claro que la vivencia estética pertenece al hombre, constituye un comportamiento inconfundible de su humanidad…”. (Marchán Fiz, 2000, p. 15). Por su parte, Katya Mandoki señala que entre los términos y sentidos para designar hoy lo estético, además de lo bello y el arte, se destaca el de contemplación estética. No obstante, esta concepción, ligada más bien a una situación religiosa mística acerca de la teoría estética, afirma la autora, deja de lado la esfera cotidiana. Además, le da prioridad por sobre los otros sentidos a lo visual, niega la involucración del cuerpo, también la actividad intelectual y, entre otras cuestiones, considera a la estética puramente receptiva. Mandoki, que pretende quitarle excepcionalidad a la condición estética, la define como una teoría de la sensibilidad (a partir de Baumgarten) y afirma que lo estético es lo más común, indispensable y cotidiano. De hecho, señala que al nacer somos toda sensibilidad y que el primer impulso que tiene el bebé se relaciona a lo estético: el apetito desenfrenado por el seno materno, que las madres llaman “prendamiento” al pezón. Por ello, propone el término de prendamiento como proyección metafórica para comprender la condición de aisthesis (voz griega que significa sensación, sensibilidad). “El prendamiento es un acto por el que extraemos vigor para vivir, como la semilla que se prenda a la tierra generando raíces para absorber sus nutrientes. Sin prendamiento, no hay supervivencia posible al no haber arraigo en la realidad. (…) Weitz (1987, 1989), quien aboga por una teoría estética de conceptos abiertos y flexibles, nos permite delinear el ámbito de lo estético como estudio de la abertura sensible del ser humano y del acto de prendamiento como su principio dinámico. Se trata de una actividad y no de una actitud (…) Este concepto de prendamiento nos permite a su vez abarcar la esfera cotidiana, a diferencia del de ´contemplación´ restringido a lo bello y lo sublime” (Mandoki, 2007, p. 70-71).

Aquí es valedero mencionar lo que Gianni Vattimo llamó -en El fin de la modernidad– explosión artística, concepto con el cual explica la negación a los lugares tradicionales asignados a la experiencia estética, como la sala de conciertos, el teatro, las galerías, los museos, etc., por lo que se empezaron a realizar otras operaciones, como el land art, el teatro callejero, el body art, entre otras. En el caso de la moda, sería la “negación” de las pasarelas, a cambio de darle prioridad al street style. Así, explica el autor, la muerte del arte significa, además del fin de este como hecho específico, “la estetización como extensión del dominio de los medios de comunicación de masas”. Y los blogs, como medios de comunicación que son, tienen la enorme posibilidad de hacer confluir varios lenguajes artísticos -como la fotografía, el video, la ilustración, etc.- para la construcción de experiencias estéticas. Pero, mientras para el arte, la belleza es una opción, no una condición –afirma Arthur Danto-, en la vida es una condición necesaria. Y en la vida, sobre todo en la esfera cotidiana, la moda es una realidad instalada. Consciente o inconscientemente, todos pensamos qué nos vamos a poner para salir a la calle. Aunque vale diferenciar entre quienes tienen una realidad estética y los que poseen privación estética; estos conceptos, aportados por Danto, remiten a un ejemplo en que se basó para hablar de la importancia de la belleza en la vida –más allá del arte-: “He encontrado una descripción fuertemente antagónica, obra de un guerrillero centroamericano, sobre cómo tratar a los prisioneros cuya voluntad y espíritu se pretende doblegar: encerradlos, viene  a decir, en recintos fríos y húmedos sin luz, con bichos y una comida deleznable, rodeados por sus propios excrementos. Tortura estética, podríamos llamarlo. Elegir entre estas dos condiciones ¡no es una cuestión de gusto! Si se les diera la oportunidad, todos elegirían el Paraíso antes que el infierno en la jungla”. Asimismo, Mandoki diferencia entre los conceptos de prendamiento y prendimiento: “Quienes llevan una vida fértil en estímulos, pueden mantener la sensibilidad abierta. Quienes, por el contrario, están continuamente expuestos a la violencia estética de la sordidez, el hacinamiento, el ruido, la miseria, la agresión, la mezquindad humana es decir, viven en situación de prendimiento continuo, se ven obligados a bloquear su sensibilidad para no padecer” (Mandoki, 2007, p.72). Por lo tanto, aquellos que disfrutan de la moda, podríamos decir, se prendan de la idea de que estar hermosos, para ellos mismos o los demás, es una manera de crear belleza. Esta no tiene por qué ser algo inalcanzable, estar en los cuerpos perfectos o en la vestimenta de diseñador. Reflejar la belleza personal -que, en definitiva, tiene más que ver con el estado interior que con la apariencia exterior- es una manera de encontrar belleza en lo primero que tenemos a mano: nosotros mismos. Y la moda, así como la cosmética, es la aliada para favorecer el potencial de nuestra imagen. Esto es, en definitiva, lo que entendieron los bloggers y su principal objetivo -posean un espacio personal o impersonal- es mostrar la manera de verse más bellos; y, cada cual, tiene su visión de lo que es belleza.

Nuevos modelos estéticos

Como explicó Kant, existen dos tipos de belleza: la libre y la adherente. La primera no supone un concepto de lo que debe ser el objeto; en cambio, la segunda, sí. El autor da el ejemplo de las flores como bellezas libres de la naturaleza y que nadie, excepto los botánicos, saben lo que es una flor; se trata de una belleza libre que agrada por sí misma. Por el contario, la belleza del hombre, o incluso la de un caballo o un edificio –ejemplifica el autor-, sí supone un concepto de lo que debe ser una cosa. Por lo tanto, concluye Kant, solo el hombre es capaz de un ideal de belleza debido a que: “… el que halla en sí mismo el objeto de su existencia; el que por medio de la razón se puede determinar sus propios fines, o que cuando debe sacarlos de la percepción exterior, puede sin embargo, ponerlos de acuerdo con sus fines esenciales y generales, y juzgar estéticamente esta armonía”. (Kant, 1790, p. 62). A través de la fotografía muchos descubren la belleza, asegura Sontag; y explica que, con excepción del uso de la cámara para documentar o mostrar ritos sociales, lo que motiva a la gente a sacar fotos es el poder hallar algo bello. Y, junto a la concepción de belleza, la autora coloca el de fotogenia. “Aprendemos a vernos fotográficamente: tenerse por atractivo es, precisamente, juzgar que se saldría bien en una fotografía. (…) Muchas personas se inquietan cuando están por ser fotografiadas: no porque teman, como los primitivos, un ultraje, sino porque temen la reprobación de la cámara. Quieren la imagen idealizada: una fotografía donde luzcan mejor que nunca. Se sienten reprendidas cuando la cámara no les devuelve una imagen más atractiva de lo que son en realidad. Pero pocos tienen la suerte de ser ´fotogénicos´, o sea, de lucir mejor en fotografías (aun sin maquillaje ni iluminación favorable) que en la vida real”. (Sontag, 2007, p. 125).

Lo que demuestran los blogs de moda, es que todos poseemos una belleza peculiar para ser retratada (valen los ejemplos de las bloggers mencionadas; cada una de ellas posee una belleza heterogénea); y que lo bello no tiene solo que ver con poseer medidas perfectas, determinado peso o con una apariencia joven. La belleza tiene relación con la forma de ser, con la forma de mostrarse, con el estilo; el cual tiene, entre otras acepciones, la siguiente: “Gusto, elegancia o distinción de una persona o cosa”. Como sentenció Coco Chanel: “La moda se pasa de moda, el estilo jamás”. A esto se suma la importancia que la sociedad le ha dado a los valores culturales como el placer y la libertad individuales, como remarcó Lipovetsky. Porque si hubo un proceso original que inició la alta costura -y hoy continúan las otras formas moda-, señala este autor, es el haber “psicologizado” a la moda; y esto significa que crea modelos que concretan emociones, rasgos de la personalidad y del carácter. Por lo que, dependiendo de la manera de vestir, la mujer puede aparecer melancólica, desenvuelta, sofisticada, sobria, ingenua, romántica, alegre, joven, deportiva, etc. En sí, continúa el filósofo francés, con la “psicologización” de la apariencia “se inicia el placer de metamorfosearse a los ojos de los demás y de uno mismo, de ´cambiar, de piel´, de llegar a sentirse como otro cambiando de atuendo”. O como explicó Barthes, la acumulación de pequeñas esencias psicológicas, es para la moda la forma de darles a las personas una doble postulación: “conferirle la individualización o la multiplicidad”, de ahí un doble sueño: sueño de identidad y de juego. El sueño de identidad “parece encontrarse en todas las obras de masas y en todos los pequeños comportamientos de sus participantes, tanto si se lo considera como una conducta de clases alineadas como si se descubre en él un acto compensatorio destinado a reaccionar contra la ´despersonalización´ de la sociedad de masas; en todo caso, el sueño de identidad se expresa esencialmente mediante la afirmación del nombre, como si el nombre realizara mágicamente a la persona (…) la obsesión del nombre remite a un sueño de identidad a la vez que a un sueño de alteridad; vemos a la mujer de moda soñar a la vez con ser ella misma y con ser otra. (…) la multiplicación de personas en un solo ser ha sido siempre considerada por la moda como un indicio de poder (…) vemos así a la moda ´jugar´ con el tema más grave de la conciencia humana (¿Quién soy yo?)” (Barthes, 1967, p. 291-292).  Esta pregunta, que todo ser humano se hace en algún momento de su vida, se vuelca cada día en la forma de vestir (como se dijo, de forma consciente o inconsciente); pero también en la manera de ser. Es que “el consumo de signos culturales no implica ninguna connotación identitaria duradera. Por definición, uno no es lo que lleva puesto” (Bourriaud, 2009, p. 40-41).

La moda ayuda a ser a la mujer (y, por supuesto, al hombre), señaló Lipovetsky, y esta es, quizá, su gran función. Entendida así por los fashion bloguers, quienes se ocupan de la moda diaria y demuestran que para salir espléndidos a la calle lo mejor es conocerse como nadie. Y esto implica saber las reales proporciones del propio cuerpo y los reales deseos internos; y no caer rendidos al deseo ajeno, a lo que se usa, sino a lo que queda bien. Este es el logro de este tipo de blogs: acercar la moda –en todo su esplendor: con las últimas tendencias, con lo lujoso y lo popular- a la vida cotidiana. Los bloggers -por lo general emisores jóvenes que, en principio, no pertenecen a la industria de la moda- adoptaron la sencillez como forma de enunciar. Entonces, gracias a su lenguaje simple y al hecho de no acatar al discurso autoritario de la moda que durante años predominó en los medios masivos de comunicación, se ganaron la confianza de sus enunciatarios. En definitiva, estos ven en los bloggers a personas reales, tal como ellos, que han sabido adoptar una imagen “distinta”. De esta forma, de generadores de contenido pasaron a ser creadores de tendencias. A consecuencia, y gracias a tener un gran tráfico en sus blogs, los grandes medios y las marcas más influyentes posaron sus ojos en ellos, quienes se convirtieron en un engranaje hoy imprescindible en el mercado de la moda. Estos son quienes hoy captan las distintas estéticas: “Estéticas que son el fiel reflejo de las necesidades fluctuantes de las personas. Necesidades ya no conformadas de manera artificial por la misma sociedad para impulsar el consumo, sino necesidades que surgen de motivaciones estrictamente personales, como la autoestima o el propio gusto de llevar determinadas texturas, formas y colores” (Saulquin, 2010, p. 93). De esta manera, los bloggers manifiestan cómo es la construcción cotidiana del sujeto de la contemporaneidad y encarnan a la perfección el concepto de radicante. “Lo radicante implica un sujeto: pero este no se reduce a una identidad estable y cerrada sobre sí misma (…) es el movimiento lo que permite la constitución de una identidad (…) El sujeto radicante se presenta como una construcción, un montaje: dicho de otro modo, una obra, nacida de una negociación infinita” (Bourriaud, 2009, p. 61-62). Esa negociación infinita, el sujeto la hace con la moda, con los gustos, con su propia idea estética cambiante.

El reemplazo de la sociedad industrial por una “sociedad tecnológicamente dirigida, con redes informáticas que comunican al instante todas las zonas del planeta, condiciona la vestimenta que, personalizada e individualista, evoluciona adaptada a nuevos parámetros. El nuevo diseño deberá responder a requerimientos que sumen la funcionalidad a la practicidad, al cuerpo real y a los nuevos materiales, y a contemplar la relación entre la naturaleza ambiental y la humana” (Saulquin, 2010, p. 10). Los blogs de moda, con su propia estética, expresan que “cada uno de nosotros es, sucesivamente, no uno, sino muchos. Y estas personalidades sucesivas, que emergen las unas de las otras, suelen ofrecer entre sí los más raros y asombrosos contrastes”. (Rodó, 1909, p. 1). Como señaló Barthes, la moda tiene la posibilidad de conferir a cada persona “la individualización o la multiplicidad”; una maravillosa capacidad para no aburrirse de sí mismo. ¿Acaso vestirse todos los días con la misma ropa no produce un hastío insoportable? Quién lo hace es quien, a grandes rasgos, no tiene deseo; y así, la vida es una monotonía que no conduce más que a la depresión. De la misma manera que el fotógrafo intenta colonizar experiencias o nuevas maneras de mirar temas conocidos para luchar contra el tedio, cuenta Sontag, los bloggers de moda también se suman a la lucha diaria de ser de distintas maneras posibles para multiplicarse ante los demás. Tarea similar a la del artista contemporáneo: “Procede por selección, agregados y luego multiplicaciones: él o ella no buscan un estado ideal del Yo, del arte o de la sociedad, sino que organizan los signos para multiplicar una identidad por otra” (Bourriaud, 2009, p. 57). En sí, la tendencia es ser uno mismo, con virtudes y defectos (tanto interiores como exteriores), y esto los bloggers lo saben explotar; pero el tedio es el reverso de la fascinación, señala Sontag, y por tal motivo, buscan la multiplicación de identidades como una manera de lograr fascinar. Tal como la moda lo viene haciendo desde hace más de seis siglos.

Bibliografía:

 

  • Barthes, R. (1967). El sistema de la moda y otros escritos. (1° ed. Y 2° reimp. 2008). Buenos Aires, Editorial Paidós.
  • Bourriaud, N. (2009). Radicante. Argentina, Adriana Hidalgo editora.
  • Danto, A. (2005). El abuso de la belleza, la estética y el concepto del arte. Barcelona, Paidós.
  • Kant, I. (1790). Crítica del juicio. (Tomo I 1876; edición digital 2003). Biblioteca Virtual Universal. Disponible en: http://www.biblioteca.org.ar/libros/89687.pdf
  • Lipovetsky, G. (1987). El imperio de lo efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas. (Primera edición). Editorial Angrama.
  • Mandoki, K. (2007). Fenomenología de la condición de Aisthesis prendamiento y prendamiento estético.DeSignis: Publicación de la Federación Latinoamericana de Semiótica (FELS), ejemplar dedicado a: Estética y semiótica: bordes de la representación (págs. 67-75).
  • Marchán Fiz, S. (2000). La estética en la cultura moderna. España. Alianza Editorial.
  • Saulquin, S. (2010). La muerte de la moda, el día después. Buenos Aires, Editorial Paidós.
  • Sanguinetti, M. F. (2011, 2 de septiembre). La moda en sus manos. Buenos Aires, Revista Para Ti. Volumen N° 11, de la página 330 a 336.
  • S. (1975). Sobre la fotografía. (Primera edición en México 2006). Santillana Ediciones Generales.
  • Rodó, J. E. (1909). Motivos de Proteo. Buenos Aires, Editorial Albatros.
  • Trindade, S. (6 de marzo de 2012). Internet, The Sartorialist en la intimidad. Madrid. Vanity Fair España. Disponible en: http://www.revistavanityfair.es/articulos/entrevista-a-the-sartorialist-scott-shuman-en-madrid-por-sancha-trindade/16240
  • Vattimo, G. (1985). “Muerte o crepúsculo del arte” de El fin de la modernidad. Barcelona, Editorial Gedisa.
  • Vilaseca, E. (2010). Desfiles de moda: diseño, organización y desarrollo. Barcelona, Promopress.

 

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