La cartera Birkin: de Hermés a Nicola Costantino

2 Dic

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Se trata de uno de los modelos de carteras más célebres y ansiados de poseer del mundo. La cartera Birkin fue creada en 1984 en honor a la actriz y cantante británica Jane Birkin; y, desde entonces, ha ganado fama mundial. Según cuenta la prensa especializada, la joven coincidió en un viaje de avión de París a Londres con el dueño de Hermés de entonces, Jean-Louis Dumas, a quien le dijo que no había encontrado aún el bolso ideal para ella. Fue así como tres años después del encuentro, la casa francesa de lujo creó la cartera Birkin para consentirla.

Ya pasaron treinta años y la popularidad de esta cartera se ha ido acrecentando. De hecho, existe un mito de que hay una espera de cinco años para adquirir este lujoso bolso, el cual puede valer hasta 50.000 euros. En referencia a esto, hay un capítulo de Sex and the city en el que el personaje Samantha quiere comprar esta cartera, pero en la tienda le dicen que debe alistarse para poder adquirirla… ¡dentro de tres años! Ella, ansiosa, no quiere esperar ese tiempo y le comenta –miente- al vendedor que, en realidad, la cartera es para la actriz Lucy Lu, de quien se ha convertido en su asistente. Después de algunas situaciones en las que el personaje quiere hacerse del bolso sí o sí, el capítulo termina con este en manos de la estrella del cine en vez de en las de Samantha.

Más allá de este divertido capítulo de la serie estadounidense, en 2009, Michael Tonello escribió un libro –Bringing home the Birkin– en el que desmitificó este mito de la eterna espera por una Birkin; narró que en apenas tres meses pudo comprar más de cien de estas carteras sin problemas de espera. Más allá de esto, este modelo de Hermés sigue liderando la lista de las carteras más requeridas. Estrellas del espectáculo son sus principales portadoras: desde Victoria Beckham, Julia Roberts, Kate Moss, Kelly Osbourne, hasta Olivia Palermo, Nicole Richie o Kim Kardashian.

Además de formar parte del mundo de la moda de lujo, el bolso Birkin se ganó un lugar en el arte contemporáneo. A fines de los años noventa, la artista argentina Nicola Costantino sumó a su obra Peletería humana, este modelo de cartera. Aunque con una salvedad: está hecha con silicona simulando la piel humana. Esta producción artística fue presentada, en 1998, en la Bienal de San Pablo (Brasil) –cuyo tema fue: “antropofagia y canibalismo”; y fue con la que Costantino se hizo conocida en el mundo del arte internacional. La obra se trató de la instalación de una boutique con veinte maniquíes que portaban vestidos (algunos con terminaciones en el cuello de pelo natural), carteras y zapatos realizados con silicona para simular la piel humana; todas piezas con estampados de ombligo, ano y tetilla masculina.

Esta producción de Costantino es una fuerte crítica a la moda de lujo -cada pieza está hecha con eximia calidad estética-, esa moda que desde la cima dicta a los demás qué usar. Una moda lejana por completo a gran parte de la sociedad, pero que todo ese sector quiere consumir. Una moda que en la actualidad se centra en que menos es más. De hecho, las carteras hacen una reminiscencia al minimalismo: sencillez absoluta sobre líneas y formas impecables.

Las carteras, al igual que las otras las piezas, en color beige o nude, simulan fielmente a la piel humana y tienen sobre relieve la tetilla masculina y como detalle, un herraje dorado. Las Birkin, hechas en distintos tamaños, son una belleza sofisticada. Puede ser una belleza espeluznante; de solo pensar que podría estar hecha con piel humana, horroriza. Es que Costantino aplica su mirada nefasta con sutileza.

Esta reflexión de Adorno -que desarrolla Lars Svendsen en el ensayo “Arte a la moda”- sintetiza la lectura que hago de esta obra de Costantino: “…la moda es el peligro más grande que atenta contra la cultura, porque homogeneiza y de este modo hace a la sociedad más totalitaria. La tarea del arte en relación con esto es advertir el peligro y reflexionar sobre la significación de la moda en él mismo…”. Es decir, la obra toma conciencia acerca del consumo exacerbado (la moda de lujo, con sus números siderales por una pieza, lo es) y pone a la “piel” del hombre como materia prima para hacer objetos de deseo. En sí, coloca en primer plano al hombre -su piel, su identidad- convertido en una pieza de consumo. Es que en la era del consumismo, hasta el hombre cae en su propia red y se consume a sí mismo. Un círculo vicioso del que nada ni nadie escapa.

 

 

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