Día del libro, dos indispensables lecturas de moda

23 Abr

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Hoy, 23 de abril se conmemora el día del libro. En este espacio, donde la moda tiene un lugar central, se va a mencionar a aquellas lecturas que marcaron un camino en el estudio de este fenómeno. Primero, vamos a adentrarnos en El sistema de la moda y otros escritos, de Roland Barthes (Editorial Paidós, primera edición, segunda reimpresión, Buenos Aires, 2005. Se publicó, por primera vez en París, en 1967). El autor francés, destacado semiólogo, se introduce en el mundo de la moda, pero no para estudiar “el vestido real, el que todo el mundo lleva por la calle” –según él mismo explica en este libro, en un texto que aparece en el apartado “Otros escritos”, llamado “Sobre El Sistema de la moda”-, sino el vestido de moda como es descrito, a través de la escritura, en las revistas de moda (para tal análisis, Barthes conformó un corpus con publicaciones especializadas editadas en Francia). Es decir, estudia la moda, el vestido, a partir del lenguaje. Desde la semiología de Seassure, el autor se propone realizar un análisis estructural del vestido femenino.

Es decir, se ocupó de elaborar un corpus con revistas de moda, publicadas en Francia (como Elle o Jardin des modes), las cuales se encargan de la moda escrita: “He estudiado el vestido de moda tal y como se refracta en el lenguaje escrito de las revistas especializadas. Solo me he quedado con la descripción, es decir, con la transformación  de un objeto en lenguaje”. El escritor señala que para él quedó claro que la moda es un sistema (de ahí el título, sin metáfora): “Contrariamente al mito de la improvisación, del capricho, de la fantasía, de la creación libre, uno se da cuenta de que la moda está estrictamente codificada (…) Cada año se recurre al conjunto de rasgos de moda al objeto de configurar un conjunto de rasgos con sus propia restricciones y reglas, como la gramática”.

A esto le suma que “el lenguaje permite transmitir informaciones que la fotografía diluye o elimina (…) el lenguaje añade a la imagen un saber”. Por lo tanto, lenguaje y fotografía se acompañan, se complementan, y entre ambos logran acotar, o ampliar, el sentido. En el desarrollo de su análisis, Barthes destaca que la moda, en realidad, no sufre grandes cambios en la morfología del vestido; sino que son los detalles los que terminan por dotar de sentido al vestido. “La Moda se resiste a toda subversión (…) cuando la Moda altera la simetría del vestido lo hace más bien de manera marginal, en forma de toque ligero, disponiendo irregularmente algunos puntos discretos del ornamento (sujeciones, adornos)…”.

En el apartado titulado “18.11. El cuerpo como significado”, dice: “En cuanto al cuerpo humano, Hegel ya había sugerido que mantenía una relación de significación con el vestido: como sensible puro, el cuerpo no puede significar; el vestido asegura la transición de lo sensible al sentido (…) La Moda resuelve la transición del cuerpo abstracto al cuerpo real de sus lectoras de tres maneras: La primera solución consiste en proponer un cuerpo ideal encarnado; es el del maniquí, de la cover-girl (…) su función no es estética, no se trata de ofrecer un ´bello cuerpo´ (…) sino un cuerpo ´deformado´ en vistas a cumplir una determinada generalidad formal, es decir, una estructura; de ahí que el cuerpo de la cover-girl no sea el cuerpo de nadie sino una forma pura (…) y que por una suerte de tautología remite al vestido mismo”. En cuanto a las otras dos maneras de tratar el cuerpo de la moda, que son verbales, le sigue el que cada año se decretan ciertos cuerpos, y no otros, que están de moda. La tercera, remite a “acondicionar el vestido de manera tal que transforme el cuerpo real y consiga hacerle significar el cuerpo ideal de la Moda…”.

No se trata de una lectura para cualquiera, sino para interesados en el fenómeno de la moda; pero con cierta preocupación por cómo se configura este sistema, tanto desde el lugar del diseñador de moda (se trata de una lectura recomendada para esta disciplina), como desde la mirada de un analista o crítico.

Otro libro de suma importancia para el estudio de la moda es El imperio de lo efímero. La moda y su destino en las sociedades modernas, del filósofo francés Gilles Lipovetsky (primera edición 1987; 1990, Barcelona, Anagrama). Aquí, algunos extractos que explican de qué va esta lectura, más que interesante:

“… Pero, hasta los siglos XIX y XX, no cabe duda de que la indumentaria fue lo que encarnó más ostensiblemente el proceso de la moda, el escenario de las innovaciones formales más aceleradas, las más caprichosas, las más espectaculares. Durante todo ese inmenso período, la apariencia ocupó un lugar preponderante en la historia de la moda, y si bien no traduce de forma ostensible todo lo extraño del mundo de las futilidades y la superficialidad, al menos constituye su mejor vía de acceso, puesto que es la que mejor se conoce, la más descrita, la más representada, la más comentada. No hay teoría e historia de la moda que no tome la imitación y la diferenciación individual. (…) indumentaria como punto de partida y objeto central de la investigación. Al exhibir los rasgos más significativos del problema, el vestido es por excelencia la esfera apropiada para deshacer la madeja del sistema de la moda, la única que nos muestra con una cierta unidad toda la heterogeneidad de su orden. La inteligibilidad de la moda pasa, en primer lugar, por la magia de las apariencias: ése es el polo arquetípico de la moda en la era aristocrática”.

“… En este recorrido multisecular hay un primer momento que dura cinco siglos: de mediados del siglo XIV a mediados del XIX. Se trata de la fase inaugural de la moda, aquella en la que el ritmo precipitado de las frivolidades y el reino de las fantasías se manifiestan de manera sistemática y duradera. La moda revela ya sus rasgos sociales y estéticos más característicos, pero para grupos muy restringidos que monopolizan el poder de iniciativa y creación. Es el momento del estadio artesanal y aristocrático de la moda (…) Explosión de la moda: ya no tiene epicentro, ha dejado de ser el privilegio de una élite social, todas las clases son arrastradas por la ebriedad del cambio y las fiebres del momento; tanto la infraestructura como la superestructura se han sometido, si bien en diverso grado, al reino de la moda. Es la época de la moda plena y de la expansión de su proceso a ámbitos cada vez más amplios de la vida colectiva. (…) Nos hallamos inmersos en la moda; un poco en todas partes y cada vez más, se ejerce la triple operación que la define como tal: lo efímero, la seducción y la diferenciación marginal. Es preciso resituar la moda; ésta no se identifica ya con el lujo de las apariencias y de la superfluidad, se reconoce como un proceso de tres cabezas que rehace de arriba abajo el perfil de nuestras sociedades”.

 Los análisis realizados por estos autores ayudan a entender un fenómeno, convertido en industria, que lleva más de cinco siglos. Entender por qué hoy, por ejemplo, la moda está más democrática que nunca. Entender en qué momento estamos frente al “vestido” y comprender hacia dónde vamos. La moda es pasado, presente y futuro. Confluyen los tres tiempos en una prenda, en un ser. Vestido y ser en una unión infinita.

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