Chanel ¿se inspiró en Marta Minujín?

7 May

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Arte y moda, moda y arte o arte-moda, moda-arte. El orden de los factores no altera el producto; pero sí, su significación. No es lo mismo hablar desde el mundo de la moda, que hacerlo desde el del arte. El primero es considerado un discurso superfluo, makertinero, efímero, entre otras calificaciones por el estilo; el segundo, uno más firme, valedero, atemporal, etc. Eso sí, ambos ejercen una fuerte influencia en la sociedad. Más allá de estas distinciones, desde hace unos años, esta pregunta -con infinitas respuestas- de si la moda es arte, ha puesto en discusión la relación entre estos dos fenómenos -por momentos opuestos, por otros, casi hermanados- que hace invisible esa línea que separa a uno del otro.

En una era atomizada por las imágenes, no resulta raro ver ideas parecidas por todos lados. Artistas que se inspiran en el fashion, diseñadores que hacen alusión al arte. Por lo general, las propuestas son claras y se menciona el punto de partida. Otras, no se dice nada. Pero hay algo que recuerda a otra cosa. Les pasó seguro, y más de una vez. Es que las imágenes nos avasallan. Sí, nos pasan por arriba y casi no tenemos de tiempo de asimilarlas. Unas se parecen a otras ¿o se trata de un dejavú?

En esta nota hablé de la iconofilia, término que refiere al consumo desmedido de imágenes. Enferma de iconofilia, todos los días observo cantidad de fotografías, de imágenes –mayormente por internet- que van compaginando mi día. Cuando vi las fotografías del más reciente desfile de Chanel (colección cruise 2016, presentado en Corea), que se apoderaron de las redes sociales y los medios especializados en moda, enseguida me vinieron a la mente unos cuadros de la artista argentina Marta Minujín.

Esos vestidos tienen una estética artística. Esas rayas, esa conjugación de colores, muy similar al trabajo de la artista argentina más polémica de todos los tiempos, Marta Minujín. Hay que aceptar, de una vez por todas, que todo discurso habla de otro. Y así, numerosos discursos conversan entre sí, y ya el punto de partida se hace difícil de notar. Eso es arte contemporáneo. Eso es la sociedad contemporánea: un sinfín de discursos conversando unos con otros, ¡y sin parar!

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