Rapsodia inconclusa: Eva Perón por Nicola Costantino

26 May

 

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Eva Perón sigue viva. Habita en el limbo, de donde la cultura –en sus distintos discursos- la rescata de vez en cuando. Como todo mito renace en un eterno retorno. El cine, la moda, el teatro y ahora, por primera vez, el arte contemporáneo, han resucitado a esta personalidad de la historia política argentina. Una figura odiada o amada, sin fases intermedias. En esos extremos –los mismos en los que se mueve Nicola Costantino en la recepción de su obra: adorada o desestimada-, esta artista se basó para lograr emanar una nueva imagen de Evita. En la obra no hay una mirada amiga o enemiga acerca de la persona política y famosa, sino una visión respecto de lo que Evita fue como mujer. Simplemente, como una mujer o miles en una. Como lo explica Nicola Costantino en un video –que conforma la obra- y también en el catálogo de esta exposición (de un preciosismo propio): “Ningún hombre puede ser solo un hombre. Ninguna mujer puede ser una sola mujer. Todos somos muchos y muchas. Pero acaso nadie haya sido tantas personas como Eva. A la vez ´cholita´ y ´capitana´. ´Diva´, ´cabecita´, ´jefa espiritual´. ´Víctima del cáncer´ y por ello no obstante, al mismo tiempo, ´inmortal´. Simultáneamente, en fin, ´reina´ y ´Abanderada de los humildes´”.

La multifacética artista rosarina tomó a Eva Perón como fuente de inspiración de su nuevo trabajo, Rapsodia inconclusa -que le llevó dos años de consumación- con el cual se presentó a la 55 Bienal de Venecia (2014), en representación de la Argentina. Más allá del desencuentro que hubo entre la artista y el gobierno (este quiso apropiarse de la obra, cambiándole el nombre, y hasta le agregó un video netamente político, cuestión que a Costantino y su curador, Fernando Farina, no les agradó y dejaron en claro su desacuerdo con un cartel en la entrada al pabellón argentino), la obra tuvo buena repercusión en la prensa mundial, aunque –definitivamente- este “problemita” con el gobierno nacional opacó su presencia en la bienal más influyente del mundo. De hecho, en la Argentina la producción artística (cuya idea original fue presentarla en el Teatro Colón) fue expuesta, entre el 15 de marzo y el 3 de mayo, en un espacio privado: Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat.

 

Rapsodia inconclusa está conformada por un video (explicativo, donde la artista muestra el trasfondo de la creación de esta obra y cuenta, entre otras cuestiones, el porqué tomó a esta personalidad para resignificarla), dos videoinstalaciones, dos instalaciones y una serie fotográfica: Eva los sueños (videoinstalación panorámica semicircular de diecisiete metros de largo), Eva. El espejo (videoinstalación), Eva. La fuerza (instalación; una especie de armadura, de vestido-soporte que se mueve solo), Eva. La lluvia (instalación). Así lo explicó Nicola Costantino (en una nota en La Nación): “Son cuatro partes, como si fuera una rapsodia inconclusa, porque su protagonista muere joven. La rapsodia es una composición musical típica del romanticismo, y la vida de Eva parece la de una heroína de una obra maestra romántica; nació pobre, conoció la gloria y murió joven”.

 

Ingresar a la Colección de Arte Amalia Lacroze de Fortabat es un lujo. Instalada en Puerto Madero, la belleza redunda. Sin apelar a lo político, es menester destacar este espacio dedicado al arte. La elegancia y lo eximio se mezclan. Los pisos, de un parqué impoluto, los enormes ventanales que dan a la dársena, donde el río –no tan límpido- brinda un marco natural perfecto, logran una experiencia estética ideal. Presentar esta producción de tamaña calidad en este espacio, sumó. Claro, imaginarlo en el Teatro Colón supera la realidad. Pero ese es otro tema. Aunque Costantino sea criticada, muchas veces despiadadamente, vale decir que su trabajo es exquisito. La calidad estética y técnica hace que su obra, más allá del gusto personal, se destaque sobremanera. Alcanzar la perfección es una utopía, pero Nicola está cerca. Toda su producción está realizada en el más cuidado detalle. Desde los vestidos que luce la Evita de las videoinstalaciones y fotografías, hasta –por supuesto- todas las técnicas que fueron utilizadas para este trabajo, Nicola Costantino –quien cuenta con unos veinte asistentes- es la que está detrás de cada mínimo fragmento. Es la autora y los personajes de este relato.

 

Empecemos el recorrido por la muestra. En el primer piso se encuentra la colección permanente. La dejo de lado, voy directo a ver la labor de Nicola. Subo una escalera divina, con un ventanal que da a una pequeña calle; enfrente, se ven unos bajos departamentos y sus divinas terrazas. Ya en el segundo piso, en un cuarto con bancos, llego a ver el primer video. Me lleva la voz de la artista. Con un tono monótono, explica un poco de qué va la obra y se muestra el trasfondo de cómo se hizo parte del trabajo. Se divisan varias personas –sus asistentes- y en primer plano a la artista. Vestida de ella, con el pelo suelto; también, vestida de Evita y posando para su múltiple producción: videoinstalación, instalación y fotografía. Luego, en el centro del segundo piso la instalación Eva. La lluvia, en un espacio cerrado, con dos entradas sin puertas –como un pasadizo-, donde las lágrimas –representadas en gotas de lluvia- de los millones que lloraron a Evita cuando murió están ahí, perennes. Con una luces de quirófano encima (cuenta la artista que es de su padre, quien fue cirujano), esas lágrimas no se derriten jamás. Realizadas en ¿hielo?, con un tratamiento especial, las lágrimas están sobre un soporte, una especie de mesa movible que utilizan los instrumentistas (con sus “herramientas” para operar).

 

Continúa Eva. La fuerza, un vestido-soporte de hierro, de una belleza inquietante. Este se va moviendo dentro de un espacio cerrado, de paredes vidriadas –transparentes- con las que choca una y otra vez. Representa el soporte que, según cuenta la leyenda, se puso Eva Perón para el famoso recorrido en auto (este iba anclado en el automóvil y lo tapaba un largo vestido; la fotografía de ese paseo está en una pared cercana a la obra), con el pueblo vivándola, cuando ella ya estaba adolorida y consumida por el cáncer. Detrás, el río parece formar parte del paisaje artístico. Sublime. La videoinstalación siguiente es Eva. Los sueños, en una sala con dos entradas tapadas por cortinas, donde a través de una pantalla semicircular se ve a cinco Evitas. Se escuchan los pasos. Una Eva más joven va y viene rápido. Otra recostada, apenas, al levantarse, puede caminar. Otra que camina más pausado, pero segura. Se oye, también, el pueblo ovacionándola cuando aparece en el balcón presidencial.

 

Por último, en el mismo piso, se encuentra en una sala cerrada y, por completo, a oscuras la videoinstalación Eva. El espejo. Se puede decir que se trata de la producción más compleja en cuanto a su técnica. Espejos enfrentados (cada uno y cada una de sus fases, con una imagen distinta), en el medio –contra una pared- una cama, dos mesitas de luz, y enfrente de esta dos sillas. Esos espejos muestran de frente a Eva, también su parte de atrás. Una, varias Evitas peinándose, escuchando música, mirándose, quedando de frente al espectador. Vestida distinguidamente, con ese vestido floreado bellísimo o con un camisón blanco, de similar elegancia. La moda está presente. Porque Evita fue Evita, también, gracias a su ropaje. Y Nicola lo hizo notar; de hecho, ella misma cosió cada uno de los vestidos que luce en cada una de las obras.

 

En un entrepiso del  piso dos, se encuentra la obra fotográfica. Para mí, lo mejor de toda la producción. Las fotografías de Nicola, en representación de Evita, son estéticamente excelentes. Nada librado al azar. La luz, los colores, todo-todo es de una belleza suprema. Como corolario, Frida Eva. Es una fotografía en la que la artista está de frente: lleva el peinado de Evita, y el resto de la imagen ya le corresponde a la artista mexicana. Con un “soporte” bellísimo a modo de corsé –sobre el torso desnudo-, y debajo -de esa mixtura de dos mujeres tan disímiles pero con el punto en común de ser mitos mundiales de dos culturas latinoamericanas- se tapa con una tela en color champagne. La representación de uno de los autorretratos de Frida es exquisita. Como se dijo, la pose y el torso son de Frida. El rostro de Evita. De fondo, un cielo celeste, en una zona marítima y montañosa.

 

Lo más destacable de Rapsodia inconclusa es, además de las fotos, el trabajo artístico-técnico que Nicola Costantino plasmó en su máxima expresión. También el haber logrado una nueva representación de Eva Perón, más neutral, en la que la imagen –pública y privada- es lo más importante. De hecho, su propia voz no se oye en toda la obra; y es en ese silencio donde se distingue aún más ella –puro símbolo de una mujer que no encuadró en su época- en su reflejo en el arte contemporáneo.

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  1. Frida Kahlo: dos exposiciones muestran su estilo fashionista | Crítica arte y moda - 29 de junio de 2015

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