La moda y sus variantes ¿varían?

23 Sep

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Desde hace diez años, consumo revistas femeninas todos los meses; y lo que más gusta de ellas, en un primer hojeo, son las editoriales de moda y las secciones en las que la vestimenta es protagonista. Desde hace un lustro, más o menos, miro fashion blogs a diario (incluso, me armé de un lista de favoritos). Y, desde entonces, la moda –como fenómeno, en principio- me sigue sorprendiendo. Desde la proliferación de los blogs dedicados a la manera de vestir del propio creador o de los que pasean por las calles más cosmopolitas, más la adaptación digital de los medios especializados que salen desde hace añares en papel y, por supuesto, la enorme cantidad de marcas y diseñadores que hacen funcionar una industria para todos los gustos, presupuestos e infinitas maneras de ver y sentir la vida. No obstante, lo que me resulta más fascinante son las colecciones que, cada temporada, crean los diseñadores y firmas. Una prenda, un color, un conjunto y las eternas combinaciones de piezas, tonos, géneros o estampados hacen que la belleza de la vida se simplifique en la belleza que se palpa.

Algunos críticos dirán que la muerte de la moda está a la vuelta de la esquina. Que ya no se destacan los diseñadores que crean, etc., etc., etc. Y algo de eso puede haber, pero… En todo este tiempo que vengo siguiendo, a través de las web dedicadas a la industria fashion, las pasarelas del mundo (de New York a Londres, de ahí a Milán hasta terminar en París; más las pasarelas de México, Colombia, Brasil, España y Argentina, entre otras menos habituales en los medios) no dejo de maravillarme. Es verdad que existen diseñadores-marcas que solo hacen ropa, pero otros (con los que vasta) que logran innovar, proponer siempre algo novedoso –una vuelta de tuerca, a veces, alcanza para conmover- y así seguir haciendo funcionar una maquinaria infernal que en los últimos años ha tomado un interés en la sociedad al nivel de la industria del espectáculo o bien como una actividad artística en constante generación de nuevas significaciones.

Las variantes que ofrece la moda, en cuanto a código vestimentario, son incontables y dan la libertad a cada persona de ser cada día alguien distinto. Y no hace falta vender el alma al diablo, ni cambiar de pensamientos. Simplemente, en dar una imagen que, a lo mejor, se acerque más a esa persona con la que se sueña ser. La moda que en apariencia cambia a cada segundo, pero en realidad mantiene las bases, en los últimos años ha modificado de forma vertiginosa la manera de vestir (además, por supuesto, el modo de consumirla, como información y como producto). En principio, por las múltiples tendencias mostradas cada temporada, tanto por las marcas más populares como por las firmas más lujosas.

No obstante, aunque se promueve una democracia absoluta en cuanto a elección, lo cierto es que hay opciones que, cual epidemia, se expanden y hacen que, en definitiva, todos nos veamos igual. Una prenda (como el short de jean o los pantalones boyfriend) o un determinado calzado (las ojotas en algún momento, hoy las alpargatas –en sus infinitas opciones- o las zapatillas), se multiplican y se observan por todos lados. En los medios y en la calle. Una dictadura invisible nos lleva a vestirnos de la misma manera. Así lo plasmó un trabajo, realizado por dos fotógrafos holandeses durante dos décadas, que muestra cómo la gente –jóvenes y adultos- se viste igual… ¡en todo el mundo! Fueron Ari Versluis y Ellie Uyttenbroek quienes hicieron una recopilación (154 series fotográficas), que fue publicada en el libro Exactitudes, llevada a cabo por Holanda –principalmente-, otras ciudades europeas; pero también por Pekín, Marruecos, Cabo Verde y, entre otras, Río de Janeiro.

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Según los fotógrafos, la globalización es la gran culpable de la falta de innovación a la hora de vestirse. El querer vernos como las europeas, o como esos jóvenes brasileños, etc., hace que queramos adquirir “esa” prenda que nos identifique, nos asemeje, a ese otro tan distinto a mí. Hoy vemos, desde múltiples pantallas (TV, computadora, celular, tablet, etc.), al instante cómo se visten al otro lado del mundo; y, además, gracias al e-commerce cualquiera puede comprar esas determinadas piezas para, así, verse como ese grupo social u otro. Más allá de esta perspectiva, válida, me interesa poder tener la mirada filosófica. En este caso, será George Simmel (1858-1918), un filósofo y sociólogo alemán, quien –ya en los laureles- deje una interesante mirada de cómo funciona la sociedad y, por ende, su comportamiento para con la moda (un fenómeno que él estudió como parte de su interés por temas relacionados a la mujer para su abordaje investigativo; por ejemplo, en Filosofía de la coquetería).

Del libro Sobre la aventura. Ensayos filosóficos (Barcelona, 1988) se tomó de “La moda”, este extracto llamado “Moda y sociedad”, en donde señala: “Cada forma esencial de la vida en la historia de nuestra especie ha supuesto, en su propio ámbito, una manera peculiar de conjugar el interés por la permanencia, la unidad y la igualdad con el interés por la variación, la particularidad y la singularidad. En la encarnación social de estas contraposiciones, uno de sus aspectos se apoya, en la mayor de las ocasiones, en la tendencia psicológica a la imitación. La imitación podría caracterizarse como una herencia psicológica, como la extensión de la vida del grupo a la vida individual. Su seducción estriba, en principio, en que nos permite actuar de manera adecuada y con sentido aun en los que no hay nada personal ni creativo por nuestra parte (…) La imitación proporciona al individuo la seguridad de no encontrarse solo en su actuación”.

En cuanto a la moda específicamente, dice: “…es imitación de un modelo dado y proporciona así satisfacción a la necesidad de apoyo social; conduce al individuo al mismo camino por el que todos transitan y facilita una pauta general que hace de la conducta de cada uno un mero ejemplo de ella (…) la moda no es sino una forma de vida peculiar entre las muchas por las que se hace confluir en una única actividad la tendencia a la igualación social con la tendencia a la diversidad y al contraste individual”. Bien puede asegurarse que esto que remarcó Simmel hacia fines del siglo XIX y principios del XX, hoy no resulta ajeno ni lejano. Por un lado, el fenómeno de la moda da la posibilidad de ser único, diferente (aunque claro, sin personalidad, la moda es apenas una aportadora de ropajes); pero, por otro, el querer pertenecer a un grupo social y hacerlo, no más sea, a través de la vestimenta. Y distinguirse en una era global no es cosa sencilla. Como bien demuestra el trabajo de los fotógrafos holandeses, cuanto más queremos diferenciarnos más nos asemejamos entre nosotros. Y así estamos, entre una era de hiper individualización (una tendencia que en las últimas décadas se afianzó) y la globalización que todo lo uniforma. Ser o no ser sigue siendo la cuestión, y lo será por los siglos de los siglos…

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2 comentarios to “La moda y sus variantes ¿varían?”

  1. milly 21 de noviembre de 2015 a 13:56 #

    para mi la moda es mi vida miren yo amo la moda y yo conbino mi ropa y una blusa negra con rayitos con un pantalon gris y tu y todos se le veria bn por que s lindo para salir

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  1. Adolescentes: cómo comunican su identidad a través de la moda | Crítica arte y moda - 3 de diciembre de 2015

    […] adolescentes se comunican también con la moda, a la que saben una herramienta para decirle al mundo quiénes son. Usan la vestimenta (ropa y […]

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